MI FAMILIA
Aquí estamparé los recuerdos, de lo que hemos vivido, añoranzas que remiten a penas y también alegrías, felicidades, lo bonito de la vida, la lucha cotidiana impulsada por el amor a aquellos tesoros que he recibido como regalo, siempre por un mismo ideal, los momentos amargos muy sentidos, vividos por mi familia.
Mi familia, aunque incompleta, es extraordinaria, es un motor que se mueve, anclada ante las tormentas, con temple real. Entre todos nos animamos a luchar sin descanso, antes, para que ellos sean lo que quieran ser, y no sólo lo que puedan, ahora, para que tejan y cumplan sus sueños, en esa lucha heroica que todos emprendemos, cuando decidimos dejar de ser niños, y dejar el paraíso terrenal donde el mundo esta a nuestro servicio, los padres son perfectos, y corren por solucionar nuestras necesidades. Afortunadamente como dice Joseph Campbell, en su libro "el viaje del héroe", todos tenemos un héroe interno, todos tenemos el potencial de ser héroes. Hemos sido equipados por Dios para llegar a serlo, solo que tenemos que emprender la travesía, por difícil que esta sea. Al perder el paraíso,(todos lo perdemos, y es natural que así sea) Dios nos dice "ganarás el pan con el sudor de tu frente". Los sabios coinciden en que correcto así es; aquí y ahora, ni un paso en falso o hacia atrás, sino que con metas claras, con mucha determinación, siempre con mucha esperanza y fe. Bajo los principios de amor, diálogo y confianza, anclamos nuestro actuar en busca del devenir. Sabemos que nada es fácil. Tenemos como bandera el amor, limpio y claro, rehusamos el silencio, pues hay mucho que decir. A Dios, gracias, por tener la dicha de tener a mis hijos


Roxana Loreto. Mi primera hija, mi chinita de porcelana, mi preciosa niñita, mi bailarina de ballet, mi princesita enamorada, mi niña poeta; mi hermosa hija mujer y mamá, que me hizo abuela por partida doble y con un niño y una niña.


Marco Antonio Fabián. Mi segundo hijo, que quise difernciar del nombre de su padre con un tercer nombre. Mi muñequito bebé, mi niño futbolista, mi joven arquero, mi hijo arquitecto de sueños y edificios. Mi dicha completa. ¡Ya eran dos mis hijos, una mujercita y un varón!. y ahora un gran padre

Eduardo Javier. Mi tercer hijo, mi regalito precioso llegado del cielo, mi niño futbolista, mi pequeño genio de la computación, mi joven basquebolista y arquitecto de edificios.

Marlene Ivonne. Mi bebita hermosa que busqué de compañía para su pequeño hermano, mi negrita, mi niña defensora de causas familiares, “la única nacida en clínica”, mi joven abogado.
Con todo mi amor, y agradecida por darle sentido a mi vida desde mis 20 años de edad, cuando pude abrazar por primera vez lo más importante de esta maravillosa creación, la capacidad de concebir los hijos que tenemos las mujeres, cuyo privilegio tuve cuatro veces.
Se que habría dado mi vida por cada uno, como creo debe suceder con toda madre. Cada uno es algo especial para mí. Ninguno es igual al otro, pero mi amor es 100% para cada uno. Gracias por hacerme vivir un 400% de amor de madre.
A mi madre, a mis hermanos, a algunos tíos, muchos primos, unos algo más cercanos, otros que vemos de vez en cuando, y a muchos sobrinos.
Agradezco poder abrazarlos, y que frecuentemente estén conmigo. Hay momentos tiernos, que recuerdas toda la vida; donde juntos vivimos nuestras penas y alegrías. Me propongo encontrar recuerdos de mi infancia, escasos en imágenes, pero no en vivencias. Revivo las imágenes de cuando, con mis hermanos José Aladino y Osvaldo Hernán hacíamos un largo camino para ir desde el campo a la escuela de la ciudad de Purén, caminando por el barro o las posas de agua; cuando junto con mis padres caminábamos cuesta arriba en busca de frutos silvestres y aves de caza; recibiendo lecciones de supervivencia, de comunicación con señas o silbidos, que llevaremos por siempre; los cuentos de héroes y romances del abuelo Juan Bautista Rocha, mientras la abuelita Margarita nos hacía tortillas de rescoldo,castañas cocidas o asadas, piñones o avellanas tostadas, todos alrededor del fogón. Procuraré incorporar imágenes del ayer, e imágenes de hoy, imágenes que se oyen y se ven, que reflejan sueños, realidades, esperanzas, cariño y amor. Con mi familia, hemos ido por la vida, sin pretender lo imposible, haciendo equipo, uniendo esfuerzos, con la certeza que conocemos nuestro momento, lo demás, Dios sabe... Hemos tenido que asumir grandes retos, y situaciones que pudieron habernos desunido, sin embargo, hablando nos hemos entendido. Una vez dijimos unidos de día o de noche, en la salud o en la enfermedad, en la pobreza o en la riqueza... pero bueno, no siempre resulta, pero la vida hay que vivirla, si erramos, no hay que desesperar, solo hay que intentar nuevos caminos; volver a enfrentar la realidad, sin cencentrarse en la enfermedad, sino en la salud, sin centrarse en el miedo sino en la meta, sin permitir que personas negativas te desanimen. A Dios agradecimos por la fortaleza, las bendiciones y la salud. Recuerdos hay tantos, añoranzas y momentos tensos, pero mucho más por sembrar, y también, de calma. Seguimos quitando obstáculos y espinas, algunas veces lloramos y otras reímos, luchando con amor, pues paso a paso, se camina. Entre todos nos animamos, ¡claro que se puede!.!Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!, sigue ¡Hay en héroe en tu corazón!; ¡La fé mueve montañas!. Sabemos que nada es fácil, y que hay que saber llegar!!!. Conocemos el éxito y el fracaso. Esto último cuando no hemos podido lograr algunas metas en el tiempo que lo habíamos programado, porque hubo que cambiar las prioridades, pero nunca es tarde, al menos que tu tiempo en la Tierra haya terminado.
Aquí estamparé los recuerdos, de lo que hemos vivido, añoranzas que remiten a penas y también alegrías, felicidades, lo bonito de la vida, la lucha cotidiana impulsada por el amor a aquellos tesoros que he recibido como regalo, siempre por un mismo ideal, los momentos amargos muy sentidos, vividos por mi familia.
Mi familia, aunque incompleta, es extraordinaria, es un motor que se mueve, anclada ante las tormentas, con temple real. Entre todos nos animamos a luchar sin descanso, antes, para que ellos sean lo que quieran ser, y no sólo lo que puedan, ahora, para que tejan y cumplan sus sueños, en esa lucha heroica que todos emprendemos, cuando decidimos dejar de ser niños, y dejar el paraíso terrenal donde el mundo esta a nuestro servicio, los padres son perfectos, y corren por solucionar nuestras necesidades. Afortunadamente como dice Joseph Campbell, en su libro "el viaje del héroe", todos tenemos un héroe interno, todos tenemos el potencial de ser héroes. Hemos sido equipados por Dios para llegar a serlo, solo que tenemos que emprender la travesía, por difícil que esta sea. Al perder el paraíso,(todos lo perdemos, y es natural que así sea) Dios nos dice "ganarás el pan con el sudor de tu frente". Los sabios coinciden en que correcto así es; aquí y ahora, ni un paso en falso o hacia atrás, sino que con metas claras, con mucha determinación, siempre con mucha esperanza y fe. Bajo los principios de amor, diálogo y confianza, anclamos nuestro actuar en busca del devenir. Sabemos que nada es fácil. Tenemos como bandera el amor, limpio y claro, rehusamos el silencio, pues hay mucho que decir. A Dios, gracias, por tener la dicha de tener a mis hijos
Marco Antonio Fabián. Mi segundo hijo, que quise difernciar del nombre de su padre con un tercer nombre. Mi muñequito bebé, mi niño futbolista, mi joven arquero, mi hijo arquitecto de sueños y edificios. Mi dicha completa. ¡Ya eran dos mis hijos, una mujercita y un varón!. y ahora un gran padre
Con todo mi amor, y agradecida por darle sentido a mi vida desde mis 20 años de edad, cuando pude abrazar por primera vez lo más importante de esta maravillosa creación, la capacidad de concebir los hijos que tenemos las mujeres, cuyo privilegio tuve cuatro veces.
A mis nietos: Javierita y Vicente, Porque fueron el regalo divino mas precioso recibido, para alegrarme la vida en un momento que había perdido la alegría. Cada una de las manifestaciones de vuestras vidas me mostraron de nuevo la pureza de la inocencia, la transparencia del alma, la alegría, e hicieron despertar en mí a la madre de nuevo y a la abuela, a la “joven abuela”. Confieso que me alegraba cuando me decían mamá, y cuando mis colegas me felicitaban por mis hijos pequeños.
A mis nietos Isidora y Cristobal, porque reviven el amor en cada cada vez que les tengo cerca, y por el amor que ellos me aportan a mí. Revivir la inocencia del recien nacido, del bebé que se expresa, de una niñita que abraza. No puedo mas que agradecer por tener el tiempo para disfrutarlos.
A mi madre, a mis hermanos, a algunos tíos, muchos primos, unos algo más cercanos, otros que vemos de vez en cuando, y a muchos sobrinos.
Agradezco poder abrazarlos, y que frecuentemente estén conmigo. Hay momentos tiernos, que recuerdas toda la vida; donde juntos vivimos nuestras penas y alegrías. Me propongo encontrar recuerdos de mi infancia, escasos en imágenes, pero no en vivencias. Revivo las imágenes de cuando, con mis hermanos José Aladino y Osvaldo Hernán hacíamos un largo camino para ir desde el campo a la escuela de la ciudad de Purén, caminando por el barro o las posas de agua; cuando junto con mis padres caminábamos cuesta arriba en busca de frutos silvestres y aves de caza; recibiendo lecciones de supervivencia, de comunicación con señas o silbidos, que llevaremos por siempre; los cuentos de héroes y romances del abuelo Juan Bautista Rocha, mientras la abuelita Margarita nos hacía tortillas de rescoldo,castañas cocidas o asadas, piñones o avellanas tostadas, todos alrededor del fogón. Procuraré incorporar imágenes del ayer, e imágenes de hoy, imágenes que se oyen y se ven, que reflejan sueños, realidades, esperanzas, cariño y amor. Con mi familia, hemos ido por la vida, sin pretender lo imposible, haciendo equipo, uniendo esfuerzos, con la certeza que conocemos nuestro momento, lo demás, Dios sabe... Hemos tenido que asumir grandes retos, y situaciones que pudieron habernos desunido, sin embargo, hablando nos hemos entendido. Una vez dijimos unidos de día o de noche, en la salud o en la enfermedad, en la pobreza o en la riqueza... pero bueno, no siempre resulta, pero la vida hay que vivirla, si erramos, no hay que desesperar, solo hay que intentar nuevos caminos; volver a enfrentar la realidad, sin cencentrarse en la enfermedad, sino en la salud, sin centrarse en el miedo sino en la meta, sin permitir que personas negativas te desanimen. A Dios agradecimos por la fortaleza, las bendiciones y la salud. Recuerdos hay tantos, añoranzas y momentos tensos, pero mucho más por sembrar, y también, de calma. Seguimos quitando obstáculos y espinas, algunas veces lloramos y otras reímos, luchando con amor, pues paso a paso, se camina. Entre todos nos animamos, ¡claro que se puede!.!Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!, sigue ¡Hay en héroe en tu corazón!; ¡La fé mueve montañas!. Sabemos que nada es fácil, y que hay que saber llegar!!!. Conocemos el éxito y el fracaso. Esto último cuando no hemos podido lograr algunas metas en el tiempo que lo habíamos programado, porque hubo que cambiar las prioridades, pero nunca es tarde, al menos que tu tiempo en la Tierra haya terminado.
A a mis abuelos, mi padre, mi hermanita Ernestina, y todos mis hermanos y hermanas que no alcancé a conocer, que ya emprendieron el viaje antes, a mi madre que se ausenta por el alzhaimer; a mis queridos hermanos y hermanas, a mis tíos y tías, a mis sobrinos y sobrinas, con mucho cariño, con la esperanza que seremos otra vez una sola familia en la eternidad. Esta es mi linda familia.
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